Si me conoces un poco sabrás que opino que Juan Martín Del Potro hubiera formado parte del top del tenis mundial durante muchos muchos años,m si las lesiones le hubieran respetado. Más aún, opino que hubiera sido un claro aspirante al número 1, o a discutírselo, al big3 (o big4, con Andy), convirtiéndose, tal vez, en la última pieza del puzzle de una era histórica para el tenis. Pero no sucedió. Su cuerpo ha sido su peor rival en la pista, y el resto es historia.

Muchos momentos justifican mi opinión. Su ascenso, su impacto en el tenis mundial ya en 2008, cuando sumó sus primeros títulos y se metió en el top 10 de la ATP, sus medallas olímpicas, sus regresos exitosos y casi milagrosos (recuerda que su mejor clasificación fue el número 3 que logró en agosto de 2018, tras uno de esos retornos ) o, por supuesto, ese 2009 en el que logró su único (hasta ahora) título de Grand Slam superando nada más y nada menos que a Roger Federer en la final del Us Open (que unos meses antes lo eliminó en semis de Roland Garros, justo el año en el que Rog se coronó campeón en París).

La derecha de Del Potro, demoledora, casi tanto como su servicio o la intensidad de sus golpes y una movilidad impresionante para una persona de su altura, le auguraban un futuro mucho más espléndido, deportivamente hablando del que, finalmente pudo disfrutar. En 2010 empezó su calvario de lesiones, con la muñeca, pero no deja de ser cierto que cada vez que lo hemos podido ver disfrutar en una pista, hemos disfrutado todos.

Así que, hoy, quédate en casa viendo una final en la que Juan Martín se repuso de ir detrás en el marcador para acabar dando la vuelta y venciendo al número 1 y dominador del circuito (especialmente en Nueva York). Aquí tienes un dato que te hará pensar (y mucho) en lo que podría haber sido Juan Martín…

Hoy, el partido de #tenisencasa dedicado a la Torre.

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