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Adoras a Federer. Digas lo que digas, adoras a Federer.

Roger ha conseguido una cosa inaudita a lo largo de los años: ponernos a todos de acuerdo.

Sí, puedes ser más de Rafa, o de Nole, puedes mantener en los altares a Agassi o a Sampras, puedes recordar la figura estilizada de Lendl, la elegancia de Edberg, o los vuelos de Becker, puedes añorar la sobriedad de Borg o la excentricidad de McEnroe, incluso es posible que pienses que no habrá otro como Laver, no lo sé, todo es posible, pero una cosa es segura: adoras a Federer, digas lo que digas.

Porque nunca, jamás, habrá otro deportista como el suizo – y lo firma uno que se ha pasado toda la vida declarándose fan eterno e incondicional de André -. Lo de Roger va mucho más allá, a estas alturas ya todos lo sabemos. Roger es sublime, Roger es incombustible, Roger es un regalo para los amantes del deporte. Y es que lejos quedan ya aquellos años en los que Federer generaba cierta animadversión hacia su persona por ese halo de perfección que le rodeaba. Nadie es perfecto, tampoco lo era él, y tuvo que descender (sólo un poco) a los infiernos para renacer como el mejor de los humanos que pisan una cancha de tenis. Sí, falible. Sí, vencible. Sí, sufridor, luchador, insistente, persistente y emocional.

Aquellas lágrimas en los hombros de Rafa, tras perder un Open de Australia, se han convertido en lágrimas de emoción, ahora, cada vez que logra un nuevo título, un nuevo récord, una nueva hazaña, una más. Porque sabe que sólo (sólo, sí, sólo) es una persona que trabaja como un loco por seguir haciendo aquello que realmente le apasiona, por aguantar un día más delante, por inspirar a decenas de millones, por poner voz a los come on(!) que muchos (tantos) le regalan a gritos tras cada éxito, Y es que Roger ya es un poco de todos. No importa de dónde vengas, no importan tus banderas, colores, el idioma con el que le felicitas, o tu pasado forofo, no importa, Roger también es tuyo, y lo sientes así, y te alegras con sus victorias, y te emocionas con sus sollozos, y piensas que ese es el ejemplo que quieres para tus hijos. Porque RF hoy ya es un símbolo, una imagen mental, un estado de ánimo, un mito que hace visible la máxima del «nada es imposible«… si Roger gana, tú ganas. Y ya está.

Así que sí, adoras a Federer. Tú lo haces. Yo lo hago. Todos ellos, también. Y mañana, cuando los nuevos ídolos ocupen su lugar, incluso ellos le adorarán, le respetarán y le recordarán como mucho más que un deportista, mucho más que un gentleman, mucho más que (símplemente) el mejor. Federer será, siempre, Roger, patrimonio del tenis. Roger,eternamente, Roger.

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