Los amigos de Wilson Tennis nos han pedido, al equipo de embajadores de la marca, que reflexionemos sobre qué nos hubiera gustado saber cuando empezamos a jugar a tenis, dicho de otra forma, qué cambiaríamos de nuestra vida tenística visto desde el momento actual. Interesante. Me ha hecho pensar mucho. Y por eso, además de compartirlo en redes, también he querido traerlo aquí.

Debo empezar diciendo que no tengo ni idea de qué pensaba cuando empecé a jugar, tenía tres años. Por lo que no cuenta lo que sabía entonces. Yo siempre he creído a ciegas a mi padre, ya lo sabes, ha sido (es) mi entrenador, ha sido (es) mi guía, y ha sido (es) la única persona que le pone las manos encima a cualquiera de mis raquetas (en 37 años que hace que juego, nadie más me ha cambiado las cuerdas, nunca). Así que durante muchos muchos años él decidió qué raquetas usaba, qué cuerdas, que zapatillas, dónde jugaba o con quién (más) entrenaba. Y siempre acertó.

Creo que la primera vez que no le hice caso – tenísticamente hablando, ejem – fue para comprarme la Radical Tour OS de Agassi, una raqueta (por lo OS) que no le iba especialmente bien a mi tipo de juego, pero era la de Agassi y yo era un adolescente… ya sabes cómo se conjuga eso, y más con tu padre.

Pero bueno, ha sido interesante bucear por lo que soy en relación con lo que fui. Ahí van algunas reflexiones en voz alta que me hago. Ya te avanzo que también me gustaría conocer las tuyas…

Tu primera decisión: la raqueta.

«No experimentes«. Eso es lo que le diría a mi yo de hace muchos años sobre las raquetas. No experimentes quiere decir juega con lo que sabes que te va bien y, cuando cambies (tal vez forzado, tal vez por un contrato, tal vez por pura curiosidad o por un capricho) de marca, busca la raqueta que mejor se adapte a ti.

Y es que ese ha sido uno de mis grandes pecados tenísticos. He jugado con demasiadas raquetas demasiado diferentes entre ellas cuando sé, perfectamente, qué raqueta le conviene a mi juego y qué marcos nunca debí usar. Alguna de mis peores lesiones (incluida la que estuvo a punto de retirarme, hará diez años) provienen de una mala decisión en esa elección (he de decir, que desde los 16, más o menos, y aunque siempre le he seguido preguntando a él, elijo yo las raquetas con las que juego).

Durante estas casi cuatro décadas, como es normal, he jugado con varias marcas (entre las que me compraba mi padre o las que me ofrecían material, incluida la japonesa que casi me cuesta seguir jugando), me he visto pasando con toda naturalidad de una OS a una MS, o una MP, he jugado con raquetas largas, con equilibrios diversos, con patrones que van de los clásicos 16×19 al 18×20 a algunas variedades curiosas, experimentando con marcos revolucionarios, con perfiles anchos y estrechos e incluso con diferentes tallas de mango…

Claro, tú dirás, probar está bien, y es así. No sólo está bien: es necesario. El problema viene cuando no es una prueba, sino que pasas cierto tiempo jugando con ellas como raqueta principal. Más aún, cuando cambias de la noche al día de una temporada a otra. Eso acabó generando dudas en mi juego, provocando lesiones y, probablemente, no me permitió acabar nunca de explotar algunas de las virtudes de mi juego (que se tenía que adaptar a la raqueta por mis caprichos, no al revés como debería haber sido).

Una de las cosas buenas de hacerse mayor es que aprendes de esos errores. Por eso soy, ahora, soy fiel a un tipo de raqueta muy concreto, tanto por peso, como por equilibrio, perfil y patrón. Soy un clásico, mi tenis necesita control y tacto, por eso me decidí (y soy feliz) por la Blade V7 18×20.

Ah, si alguna vez tienes duda con qué raqueta comprar o qué se adapta mejor a ti, pregúntanos. Marc y yo hemos pasado años recomendando material y sabemos qué es mejor para cada perfil de jugador, será un placer ayudarte.

Antivibrador, ¿sí o no?

Difícil. Debe ser una de las dudas que más veces he tenido a lo largo de estos años. ¿Uso o no antivibrador? Siempre he tenido la sensación que, al ponerlo, dejaba de escuchar a la raqueta, la sensación es diferente, la percepción del golpe cambiaba, incluso mi toque. Pero, en realidad, todo es cuestión de costumbre.

Con los años he decidido usarlo. Y además no cabe duda alguna. Lo uso y es un elemento imprescindible en mi equipación (hasta el punto que llevo unos cuantos en la bolsa, por si acaso). Sí, he de reconocer que pierdo algo de feeling (o esa es mi sensación) pero mi codo y mi hombro lo agradecen. Supongo que, en esto, la edad ayuda.

Por cierto, por si te lo estás preguntando: sí, llevé la gomita de Agassi. Durante unos cuantos años. Muy a pesar de mi padre…

Las pelotas, esa insatisfacción constante.

Mira, te voy a ser muy sincero aquí. No soporto algunos tipos / marcas de pelotas. Cuando entro en una pista y mi rival saca según que bote, o el torneo nos pone según qué bolas oficiales, sé que la cosa no empieza con el mejor pie posible. Por eso, a mi yo de hace unos cuantos años (y al de antes del encierro) les diría lo mismo: todas botan (aunque algunas más) y todas van de un lado para otro. Así que, juega. Y punto.

Vale, sí, debes adaptarte. Con una bola con peso (yameentiendes) deja ir el espíritu rebelde que llevas dentro y rómpela, pégale con fuerza, saca lo mejor de tu servicio y tu derecha, domina el punto, hazte el amo desde el fondo de la pista. Y si la pelota es de esas que vuelan, olvídate del golpe plano, lifta, lifta como un animal, y acuérdate de que la potencia, sin control, no sirve de nada.

Y, ya puestos, te recomiendo que pruebes las Triniti, de Wilson. Algún día todas las pelotas serán como estas, más sostenibles, y el factor presión perderá importancia ante la calidad de la construcción. Dales una oportunidad y lo comprenderás.

Ah, las cuerdas. Este es mi auténtico caballo de batalla…

He dejado para el final uno de mis mayores errores, aunque lo he acabado subsanando hace – relativamente – poco tiempo. Las cuerdas. Sí, reconozco que yo era uno de esos que siempre pensaron que podían jugar igual de bien con tripa que con esparto. Y no. De ninguna manera.

A mi yo juvenil le diría: deja de elegir por colores y usa cuerdas que le vengan bien a tu juego. Hay muchas marcas y tipos de cordaje, lo sé, tantos que al final te puedes acabar mareando y cuesta decidir como le va costar a tu bolsillo probarlos todos. Mi consejo, escucha a los que saben de esto y busca qué combinación es la que te va mejor (natural, sintético, híbrido, diámetro, multi o mono, redondo o poligonal, tensión, cada cuánto cambiarlo…) no decidas sin haberte informado bien.

Mira, aquí te voy a dejar dos muy interesantes hilos de Wilson Tennis, precisamente, en el que explican de forma muy didáctica qué puedes esperar de cada tipo de cordaje:

Yo jugué durante años con el cordaje más barato. Y punto. No hace falta decir mucho más. Igual era un poco por arrogancia, y siempre me negué a meter en mi raqueta caviar como el Original, de Luxilon, por ejemplo, con el que jugaba Marc.

Eso cambió hace relativamente poco, tras empezar a abrir mi mente y probar los cordajes de Wilson y Luxilon, hasta que aterricé en el Alu Power con el que juego ahora. Y, la verdad, la diferencia es tan grande que, a veces, tengo la sensación de que juego con ventaja sobre mis rivales, como si hiciera un poco de trampa.

En resumen…

(Porque si has llegado hasta aquí te lo mereces), mi consejo – el que le daría a mis fantasmas del pasado – es que la próxima vez que entres en la pista lleves el material que realmente te hace sentir mejor tenista.

No elijas por lo que use un jugador profesional u otro (en serio, no-lo-ha-gas), ni tampoco por el diseño, el color, o porque tu contrincante habitual desde que cambió a tal raqueta ahora te gane siempre. No, elige lo que te haga sentir bien, por lo que te haga dar lo mejor de ti mismo, ser tu mejor versión en la pista. Y evoluciona, sí, y prueba cosas nuevas, por supuesto, pero hazlo desde ese punto de partida. Así siempre sabrás qué puedes esperar de tu juego.

Y tú, ¿qué te dirías si pudieras viajar al pasado? ¿Qué cambiarías?

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