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Henin y Clijsters, Australia 2004: un partido para enmarcar

Vale, lo reconozco, no estoy siendo demasiado objetivo. Desde que empecé esta serie he traído a André, a McEnroe (2 veces, se me ve el plumero), a Lendl, a Steffi y a Sabatini… no sólo son leyendas de nuestro deporte (que sí), también son algunos de mis mitos particulares, deportistas que me hicieron amar el tenis y que todavía hoy me parecen de lo mejor que se ha podido ver en una pista.

Siguiendo este razonamiento, hay una tenista que tenía que aparecer sí o sí en este rincón, y lo hace por méritos propios, por ser una de las mejores de la historia, por su palmarés fabuloso, por su estilo en pista y por ese maravilloso revés a una mano que, todavía hoy, no tiene comparación en el circuito femenino. Ella es Justine Henin, probablemente una de las deportistas más elegantes que hemos tenido la oportunidad de ver a un lado o al otro de la red. Incomparable.

Justine Henin-Hardenne

Pero, ojo, que no sólo de Justine vivimos, frente a ella otra competidora enorme, una tenista que ha escrito su leyenda golpe a golpe y con un espíritu de superación insuperable. Te hablo de Kim Clijsters, una auténtica luchadora, un corazón indomable que nunca se dio (ni se da) por vencida. Y el escenario que acoge el duelo que he elegido es la final del Open de Australia del 2004, un partido a tres sets en el que ambas dejaron claro por qué pueden ser consideradas como dos auténticas leyendas del tenis.

Kim Clijsters

En fin, siéntate, olvida el confinamiento y disfruta durante algo más de una hora con el talento de Henin y la energía de Clijsters. El resto es historia…

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