Domingo. Día 59 de confinamiento. Hemos hablado de Borg y McEnroe, de Agassi y Sampras, de Connors y (también) McEnroe, hemos repasado todo tipo de rivalidades históricas y, sí, también de aquella final del 2008 en la que Rafa y Roger nos regalaron, probablemente, uno de los mejores partidos (tal vez el mejor) de la historia. Hemos hablado del Big3, hemos hablado del Big4, hemos repasado puntos y finales, hemos visto trofeos levantados al aire tras batallas extenuantes, hemos disfrutado de golpes míticos, de esfuerzos legendarios, de remontadas históricas, hemos vibrado con ellos, con los mejores de la historia. Hemos sido testigos de cómo se han ido pasando el testigo los unos a los otros. Hemos respirado tenis. Hemos disfrutado. Sí, hemos disfrutado.

Yo empecé en esto del tenis viendo a McEnroe, enseguida me aficioné a Edberg y a Lendl. Llegó Agassi y se robó todas mis miradas al deporte de la raqueta. Después apareció Roger y decidí que iba a ser mi próximo gran mito. Rafa y Nole quisieron discutirle la hegemonía y vaya si lo lograron, y hoy aparecen en el horizonte figuras como Thiem, Tsitsipas, Zverev o Medvedev dispuestos a ocupar su trono. Sí. Pero déjame que te diga una cosa, nunca volveremos a ver una rivalidad como la de Roger y Rafa. Nunca.

Por eso, para celebrar este domingo lluvioso de confinamiento pre-fase 1 (para mucha y muchos entre los que no me encuentro), te traigo una maravilla: la primavera – verano del 2007 ilustrados en las finales consecutivas de Roland Garros y de Wimbledon y en esa curiosa Batalla previa en Mallorca que todos recordamos. Tres choques entre Rafa y Roger, Roger y Rafa que se saldaron con un auténtico ajuste de cuentas entre ambos, y con los dos dominando sus respectivas superficies favoritas.

No hace falta que te diga qué vino después, porque todos conocemos la historia del 2008, pero déjame que te recuerde que lo que vas a ver ahora es, probablemente, el mejor ejemplo de la histórica rivalidad que nos han regalado, de su constante lucha por ser mejor que su némesis, por su maravillosa obsesión por convertirse en el mejor tenista de la historia. Existen porque se tienen el uno al otro. Son lo que son porque un día se encontraron en una pista. Y, hoy, te los traigo para que no dejes de disfrutar del mejor #tenisencasa.

Sí, tienes razón, esto es, sin duda, casi pornografía tenística.

Primero, disfruta de Roland Garros 2007, con Rafa dejando claro que la arcilla francesa sería, siempre, suya. Aquel año Nadal logró igualar a Borg logrando tres títulos consecutivos en el torneo francés. Claro, la historia acabó dejando ese dato en el olvido…

Y, claro, la segunda parte de este choque llegó en un partido sencillamente fenomenal (para muchos, al nivel del del 2008) en Wimbledon. Las lágrimas de felicidad de Federer tras vencer dicen mucho de lo que significó para él esa victoria, con la que logró su quinto W consecutivo igualando (también) la racha de Borg (que no debió tener el mejor verano de su vida)…

Y, para acabar de celebrar aquel 2007, no podía faltar el partido disputado en Palma que se denominó la Batalla de las Superficies y que disputaron justo antes de estas dos finales. Un partido atípico, que no se volvió a repetir jamás, y en el que Rafa y Roger se vieron las caras (en un momento crucial de la temporada) en una pista mitad tierra batida y mitad hierba. ¿Te imaginas algo así hoy? Juventud…

Los amigos de Punto de Break lo recordaron así (vale la pena): Se cumplen diez años de «La batalla de las superficies»

Sí, hemos sido unos afortunados.

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