Tres finales, la del 92 contra Agassi, la del 94 contra Sampras y, de nuevo, la de 1998 ante Pete. Tres finales perdió Ivanisevic en Wimbledon, un torneo que parecía fabricado a su medida en la década de los 90, pero que se le había escapado ante los dos grandes dominadores de aquella era. Sin duda esta es una de esas historias que hacen del tenis el deporte más fantástico del mundo, porque cuando el título en el All England parecía ya imposible para Goran, su saque-volea obró el último gran milagro y logró su tan ansiado éxito.

Las lágrimas de felicidad de Ivanisevic tras este partido fueron, también, las de la mayoría de aficionados del tenis que vieron, en aquella victoria, la culminación de un sueño, una promesa de que nada es imposible si uno nunca defallece y si pone todo su empeño en ello. Incluso llegando al cuadro final gracias a una wild-card. Incluso disputando aquel torneo con un hombro en malas condiciones y lejos de su mejor forma física.

Además, no lo tuvo fácil, el croata, en absoluto. Para llegar al gran partido ante Rafter (que, por cierto, evitó la repetición de la final del ’92 al eliminar a Agassi, por segundo año consecutivo, en semis), Goran tuvo que superar a tenistas de la talla de Moyà, Roddick (que ya empezaba a despuntar), Rusedski (otro sacador espectacular), Safin (ya en la élite) y, en cinco intensos sets, a Henmann (el ídolo británico, que venía de derrotar a Roger quién, a su vez, había eliminado a Sampras). Todo aquello le llevó frente a los cinco sets más importantes de su vida, con la esperanza de que no se repitieran historias pasadas, con la esperanza de tener, esta vez sí, su gran oportunidad.

Rafter, ojo, no era rival fácil. Venía de lograr grandes resultados en Grand Slam, con dos títulos en el US Open, la final de la edición de 2000 en Wimbledon y semifinalista en la edición del 2001 en Australia. Un tenista extremadamente competitivo en hierba, con un fabuloso dominio del saque volea y tocado por un talento curioso, difícil de definir, carismático.

Las casi tres horas de encuentro que vas a ver a continuación, en esta serie de partidos para acompañarte durante el confinamiento, te van a llevar a un tenis cargado de nostalgia, a un juego diferente al que se ve hoy, en el que los puntos eran más cortos, rápidos, intensos, en el que los aces se contaban por récords. Un tenis que, aquella tarde, hizo justicia con Ivanisevic que sumó el vigésimo segundo título y último, a la postre, de su carrera profesional.

9 de Julio del 2001: el día más importante en la carrera deportiva de Ivanisevic

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