En el tenis se habla mucho (algunos más que otros, lo sé), pero se dice poco. Al menos en voz alta. Porque este deporte, más que ningún otro, está lleno de códigos que no se gritan. Se repiten. Se esconden. Se intuyen. Y si prestas atención, hay todo un lenguaje que se despliega en cada punto: en cómo un jugador bota la pelota antes de sacar, en cómo se mueve entre puntos, en el silencio que guarda tras un error.
Es un idioma no verbal que, cuando aprendes a leerlo, te dice más que cualquier estadística. ¿Estás de acuerdo? Te cuento más…
Los rituales no son manías: son anclas
Todos conocemos el rebote compulsivo de Djokovic antes de sacar, o la secuencia casi coreografiada de Nadal antes de cada punto: toalla, línea, nariz, oreja, short, short, bote. A algunos les parece exagerado. Pero en realidad, esos gestos no están ahí por azar. Son rutinas que les dan control en medio del caos.
En un deporte donde todo cambia tan rápido – el marcador, la confianza, el viento, el rival-, tener algo que no cambie ayuda a anclarte. A estar presente. A sentir que, pase lo que pase, hay algo que controlas tú.
Y no es solo cosa de profesionales. En las pistas de tu club también lo puedes ver: hay quien se ajusta la muñequera antes de cada punto, quien limpia la línea con la suela, quien golpea tres veces la raqueta en el suelo como quien afina un instrumento. Lo importante no es el gesto en sí, sino lo que representa: una pausa, un reset, un ritual para centrarte.

El cuerpo habla (aunque tú no quieras)
En el tenis, el cuerpo es altavoz del alma (oh, cómo suena esto). Y por mucho que lo intentes disimular, se nota. Se nota cuando estás apurado, cuando pierdes la confianza, cuando quieres estar en otro sitio. Tu lenguaje corporal se vuelve predecible: hombros caídos, pasos más lentos, mirada baja. El rival lo huele. Y actúa.
Por eso, más allá de jugar bien, hay que saber parecer que se está jugando bien. Caminar con decisión. Mantener la mirada alta. No regalar expresiones de derrota aunque por dentro estés en guerra. No por teatro, sino por convicción.
Los grandes lo saben. Federer podía ir break abajo y seguía caminando erguido, con el rostro sereno. No era frialdad, era autocontrol. Y eso no solo es respeto al juego. Es una estrategia. De las que te hacen ganar o perder partidos…
Silencios que dicen más que una bronca
A veces no hace falta romper una raqueta para mostrar frustración. A veces, el gesto de ir directo a la toalla, sin mirar a nadie, ya lo dice todo. O ese suspiro largo que escapa entre dientes después de un error tonto. Todos lo hemos vivido.
Pero lo interesante no es el gesto en sí. Es lo que haces después. ¿Lo arrastras al siguiente punto o lo dejas ahí? ¿Eres capaz de cerrar la puerta, de volver a cero?
El silencio, bien usado, puede ser tu mejor aliado. Porque en un deporte donde todo el mundo te mira, tener la capacidad de contenerte – de no dar señales – es una forma de controlar el relato. Y, créeme, pocas cosas tienen tanto poder como controlar el relato…
¿Y qué tiene que ver esto contigo?
Todo. Porque tú también comunicas en pista, aunque no lo sepas. Aunque no te des cuenta. Cada vez que sales cabizbajo de un punto perdido, cada vez que levantas los brazos tras un winner, cada vez que te frotas la cabeza o murmuras para ti mismo… estás enviando mensajes. A tu rival. A tu compañero. Y sobre todo, a ti.
Por eso es tan importante aprender a leer esos gestos. Propios y ajenos. Porque entender lo que pasa en el cuerpo es también entender lo que pasa en la cabeza.
Crea tu propio lenguaje
No hace falta copiar a Nadal o Djokovic. Pero sí puedes tener tus propios códigos:
- Un gesto que te devuelva al presente después de un error.
- Una forma de caminar entre puntos que transmita confianza.
- Una pequeña rutina que uses antes de sacar, para entrar con intención.
No lo hagas por estética. Hazlo por ti. Porque cuando el cuerpo sabe a qué atenerse, la mente se ordena. Y en el tenis, eso es oro.

Conclusión: lo que no se dice… también se juega
El tenis no solo se juega con la raqueta. También con el lenguaje del cuerpo. Con los silencios. Con las pequeñas señales que, bien usadas, te pueden ayudar a ganar terreno, a mostrar solidez… o al menos, a no regalar debilidad.
Y eso, te lo aseguro, en un deporte de márgenes tan finos, puede marcar la diferencia.
¿Tú tienes algún ritual en pista? ¿Algún gesto que te centre o que te delate?
Déjamelo en los comentarios. Porque en este club, hasta el silencio tiene algo que contar.









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