Adiós Rafa. Hola leyenda. Y menuda leyenda. La del mejor tenista de la historia (como mínimo, y eso es indiscutible, sobre tierra batida). Un deportista heroico en muchos sentidos, comprometido con el deporte, resiliente, ejemplar en su comportamiento. Rafa es, ha sido y será una inspiración para cientos de miles de tenistas (y no sólo tenistas) de todo el mundo, que se han fijado en él para ser mejores. Porque si hay algo que es evidente, es que Rafael Nadal nos ha enseñado que sólo hay un camino para lograrlo, para ser mejores, el de esforzarse cada día. El de trabajar. El de no rendirse.
Y por eso, hoy, cuesta despedirse de él. Tanto como costó despedirse en su día de Roger. Porque con su retiro nos damos cuenta de que se cierra la etapa más gloriosa de nuestro deporte. Y sí, se abre otra. Una que puede ser igualmente fascinante (incluso más, ¿por qué no?), pero algunas cosas no volverán a ser iguales. Para nada.
Así que, sin más palabras porque tampoco le harían justicia, déjame que me despida de Rafa Nadal con unas palabras que son historia y que hablan de su leyenda:
Deux mille cinq
Deux mille six
Deux mille sept
Deux mille huit
Deux mille dix
Deux mille onze
Deux mille douze
Deux mille treize
Deux mille quatorze
Deux mille dix-sept
Deux mille dix-huit
Deux mille dix-neuf
Deux mille vingt
Et deux mille vingt-deux.
Así fue como el speaker de Roland Garros nos regaló uno de los momentos más icónicos de la historia del deporte. Quizás pocas cosas nos dan una imagen más fiel del impacto de Rafa en el deporte, en el tenis, en nuestra vida.
#GraciasRafa. Siempre.










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